La Cordillera de Rwenzori hace frontera entre Uganda y La República Democrática del Congo, donde se alzan imponentes montañas de cumbres rocosas con faldas de verde húmedo de selva africana. el Pico Stanley o Margarita 5109m que aún sostiene el glaciar más meridional de África es la tercera montaña más elevada de África tras el Kilimanjaro y Monte Kenia.

Explorar los caminos que llevan a estas montañas es efectivamente como «viajar a la luna», nada de lo esperado sucede y ocurre todo lo que no imaginabas. Es regresar a la infancia a lo bestia, durante 8 días las Katiuskas de plástico son las mejores aliadas y el uso de las botas propias de montaña se reducen a la exclusividad del ascenso a cumbre donde la roca se despide de la densidad de la selva.

En realidad, los locales conocen su cordillera como Rwenjura, que significa «hacedor de lluvia», y es lo más acertado, el chapoteo constante por el barro y los humedales salvados por kilométricas pasarelas de madera lo corroboran.

La compañía del equipo local es imprescindible, las miradas y sonrisas contienen versos, la comunicación es más gestual que lingüística. Ellos y ella, portan comida y materiales a pasos salvajes. Son personas totalmente enraizadas con la tierra,no han tenido que aprender a caminar descalzos, es deslumbrante observar esa fortaleza que nos queda tan lejana e inaccesible.

Después de cuatro jornadas de trekking al estilo «jungla» con dos grandes ascensiones al Monte Baker 4843m y Monte Stanley o Margarita 5.109m, llegamos a los lagos y cabañas de KITANDARA donde se cruzan las miradas para decidir sin necesidad de palabras que es un enclave de aliento para el descanso en las dos próximas noches, antes de la última ascensión al Monte Speke 4890m.
A pesar de la humedad constante, compensa la energía de los cinco elementos que envuelven el lugar: un jardín de tierra húmeda que da paso entre el verde intenso al agua de los lagos, a fuerza de buscar se consigue hacer fuego para secar y calentar, el aire fresco crepita con el fuego creando el espacio ideal para descansar el cuerpo.

La mañana siguiente regala un rayito de sol, que acompaña a descubrir el cuerpo y remojarse después de tantos días de mucho barro.
Así es fácil agradecer la oportunidad de compartir las noches con ratoncitos en este precioso lugar.

De regreso, y con el paso de los días, los meses y algún año… seguía resonando constantemente «KITANDARA» en nuestras conversaciones y es por esto que nos llamamos como tal.

El camino hasta los Lagos de Kitandara fue el mejor barrizal de la vida donde los cinco elementos confluyeron para compartir sonrisas y calmar el cuerpo, porque la mente ya estaba volando!

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